Wamba - Miguel de San Román

Miguel de San Román
Valladolid – (1883-)

   Mi eclecticismo  

Soy joven y poeta. Castilla fué mi cuna;
he vestido uniforme de soldado español;
y me encanta el misterio de las noches de luna
y la pompa solemne de las puestas de sol.

Me entusiasma la historia de los héroes románticos
y la hidalga bravura del gallardo don Juan,
y por eso en la varia floración de mis cánticos
aletea su espíritu vigoroso y galán.

Una sed de ideales llena mi pensamiento,
y á su conquista corro, con la fe por lanzón;
no sé si son gigantes ó molinos de viento:
sólo sé que el estímulo de mis hazañas son.

Amo la vida. Nunca la sombra de una pena
ennegrece las horas de mi edad juvenil:
para mi dicha bastan una tarde serena,
un manojo de versos y una novia gentil.

Desdeño la amargura de la melancolía,
me aparto del siniestro reinado del dolor;
quiero que en mi camino me guie la alegría,
que es juventud y es fuerza y es alma y es amor.

Me place el azul limpio del cielo luminoso,
me gozo en la frescura del claro manantial,
gusto la fruta sana del árbol más jugoso
y arranco los capullos más bellos del rosal.

Para mis madrigales corto en el campo flores,
de los panales saco para mis rimas miel;
si quiero epitalamios, voy á los ruiseñores;
si anhelo gloria, busco la sombra de un laurel,

¿Soy romántico? Acaso. No sabría yo mismo
afirmar si padezco tan grave enfermedad.
Bien haya esa dolencia; que en el romanticismo
pueden las ilusiones más que la realidad;

y es grato cuando llegan brumas de desconsuelo
que atrofian la energía y matan la ilusión
dar un impulso al alma para batir el vuelo,
y que en sus alas suba gozoso el corazón.

Rindo á la Poesía honores de realeza;
el culto al Arte inunda de claridad mi ser;
sobre todas las cosas adoro la Belleza,
y de todo lo bello prefiero á la mujer.

Soy ecléctico. Elijo lo bueno de la vida.
Un poco reflexivo y un mucho soñador,
voy —aunque no soy sabio— por mi senda escondida,
opulento de sueños y mendigo de amor.

Y sueño en una musa con cuello de paloma,
en cuyos besos halle delicias y quietud;
que en mi espíritu vierta, como cálido aroma
de azucena sin mancha, toda su juventud.

Que á mis caricias tienda sus brazos ondulantes,
y toda su hermosura tiemble y deshoje amor,
como al soplo halagüeño de las brisas errantes
tiemblan todas las ramas de un limonero en flor.

Poner á los pesares un gesto de ironía,
ese es el gran secreto de la felicidad;
—y conseguir que reine triunfante la alegría,
se logra con un poco de buena voluntad.—

Soy propicio á la vida; mi voluntad es buena...
¿Por qué no ser dichosos, si en la edad juvenil
para serlo nos bastan una tarde serena,
un manojo de versos y una novia gentil?

(Recogido en el libro “Antología de poetas vallisoletanos modernos” – Biblioteca Studium – 1914)

Fotos realizadas en Noviembre de 2015



















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